1/2/06

¿Qué tienen en común Goethe con Rimbaud?, la otra K checoslovaca, Milan Kundera.

Rimbaud es un enigma en sí mismo. Un niño con un intelecto prodigioso que dejó de escribir sobre los veinte años. Cuya vida es en sí una amalgama de vivencias y una de las mejores novelas que se pueden escribir; digna del maestro de la novela psicológica, el atormentado Dostoievski. Con quien seguro que coincidiría en más de un aspecto de su vida, principalmente en la incapacidad de superación de la doctrina religiosa, que les persiguió durante toda su vida; como una condena tanto física, en las estepas siberianas para el ruso y su propia casa para el francés, como psíquica.
Rimbaud revolucionó al núcleo intelectual y artístico propio de su época, y más concretamente al pusilánime Verlaine, al que trató con despecho y manipuló hasta el extremo de hacerle abandonar su vida conyugal; y llegar a un estado de desesperación y dependencia tal, que le llevó a disparar a Rimbaud..., no le vinieron mal los dos años que pasó en prisión.También escribió.
Abandonados por el padre y viviendo bajo la férrea disciplina religiosa de su madre, Vitalie, Rimbaud destacaba como brillante alumno, brillantez que se acrecentó gracias al profesor Izambaud.
Con dieciséis años se escapó de casa con dirección a París, no volvería a estudiar.
Baudelaire y Verlaine le mostraron, tal vez, el fondo del abismo. De ser un alumno ejemplar se volvió dejado, sucio y descarado.
Cultivó una filosofía de vida en la que el poeta no es un fin, sino un medio: caminó unos pasos por delante del oscuro Baudelaire, expresándose por medio de la indignidad y el autocastigo..., (mi intuición me dice que cuando regresó de la segunda escapada de París, tras la violación de los soldados, su pluma escribió tal oro que quedó prendado).
Visitó a Verlaine y lo aprisionó. Viajaron por Londres, Bruselas... como vagabundos, compartiendo habitación, drogas y cama.
Ni más ni menos que una temporada en el infierno. Hasta que Rimbaud decidió cambiar de vida, abandonar la pluma y su estilo de vida, y desapareció rumbo a Afrecha...
¿Qué decir de Goethe? Uno de los intelectos más clarividentes y vanguardistas de su tiempo.
Con su pluma y de boca de Werther fue capaz de hacer suicidarse a aquellos fanáticos que vestían como el primer romántico.Con otra pluma, que tardó prácticamente toda su vida en acabar su tinta, arrebató el alma de Fausto al genial Mefistófeles.Con una más consiguió revolucionar a su Alemania con unas Afinidades electivas que todo el mundo criticaba porque todo el mundo las había leído.
Su vida, marcada también por ciertas escapadas, pero esta vez con destino a diferentes camas, causó el escándalo mayor cuando su capricho fue la lolita Charlotte.
Admirado por el propio Napoleón, quien hizo lo imposible por conocer a la inmortal pluma. Amigo íntimo de Schiller, quien al morir se llevó parte de la vida y la tinta de Goethe. Pero, ¿dónde se encuentran estas líneas divergentes?: en la otra K checoslovaca, en el futuro Nobel Milan Kundera, cuya vida tampoco está exenta de inflexiones.
Declarado comunista fue expulsado del partido en 1948 por sus ideas individualistas tras el golpe de estado del partido comunista apoyado por Stalin. Sufrió de cerca la guerra fría y la invasión de la URSS en 1968.
En 1975 se exilió a Francia mientras le perseguía el calor que desprendían sus libros quemados.
Milan Kundera, escribiendo las evidencias que todo el mundo siente pero que nadie es capaz de transformar en palabras, es el nexo de unión en la novela contemporánea de ambas partes, su simbiosis aúna en La Inmortalidad, la relación de Goethe con su Charlotte proyectada en una historia actual, al igual que esculpe el alma de Rimbaud con la contemporaneidad de La vida está en otra parte.
La simple percepción de dos divergencias como Goethe y Rimbaud abrazadas en una oscura arboleda por Kundera es muy acogedora.

2 comentarios:

Alberto Zambade dijo...

Exacto es pura creación que a día de hoy es díficil de encontrar.

Muy bueno compi.

Anónimo dijo...

triste tu fama que ahora sonrojas con tantos aplausos cuando simplemente eres nada