21/4/06

El eje de la novela psicológica

El eje de la novela psicológica da la vuelta al mundo haciendo escala en tres puntos totalmente distintos. La partida comienza en Moscú, con el maestro que nunca ha sido superado, en el año 1821. La siguiente escala es en Brno, en el año 1929; y como final del trayecto aterrizamos en Estados Unidos, más exactamente en New Jersey, en 1947.

Es bastante curioso que cronológicamente las dos últimas escalas se encuentren bastante más cercanas entre sí que al año de inicio, sin embargo y definiendo al hombre contemporáneo como tal, en cuanto pongamos nombres al recorrido mediremos una equidististancia exacta.

Fiodor Dostoievski, Moscú, 1821. Maestro de la novela psicológica.
Milan Kundera, Brno, 1929. Maestro de la novela psicológica.
Paul Auster, New Jersey, 1947. Maestro de la novela psicológica.

No podemos dudar que las biografías de los tres escritores en cuestión marcaron claramente la forma de sentir una vida que influiría contundentemente en sus plumas, de recorrido existencial.

Principalmente Dostoievski, en un amago con el ateísmo socialista de su tiempo, sufrió las consecuencias de un auténtico revolucionario, lo cual derivó en unos crónicos ataques epilépticos y una vida atormentada, principalmente por su designación a la pena capital, aunque finalmente quedara en una condena en Siberia y un abrazo que perduró durante toda su vida a un fanatismo religioso.
Al igual que todos aquellos, no ya con unas aspiraciones espirituales, sino con un fervor religioso acentuado, contaba con un ángel caído como antagonismo a su ángel de misa y rezo de todos los domingos: la mayoría de sus ganancias iban a parar a los casinos, además de contar con varias amantes y mujeres a lo largo de toda su vida con las que tuvo que huir para evitar a sus acreedores.

Sus personajes son únicos, con una profundidad psicológica en la que no sólo nos traslada a su pensamiento y sensibilidad, sino que también nos hace identificar en nuestro día a día a personas que perfectamente encajarían dentro de sus novelas, ya que nos confiere una agudeza psicológica que nos permite definir los principales rasgos de comportamiento de las personas. Como no podía ser de otra forma, su novela existencialista nos sitúa debajo del azote de la soledad y la responsabilidad de la vida.
Dostoievski es además de un maestro, atrevido y temerario, pues sus historias contemplan desde situaciones cotidianas, como el desamor o el enamoramiento obsesivo y sin remordimientos, este sería el nivel más bajo de la psicología literaria, pasando por el asesinato o el robo, con sus correspondientes consecuencias morales, que tanto pueden ser aplastantes como indiferentes, nivel medio; hasta la carga de la vida diaria en la que desesperadamente se buscan motivaciones para dar un paso más, para encontrar la razón necesaria para levantarse de la cama cada día.

Una de las cumbres que nos enseñó Dostoievski no es ni más ni menos que una simple descripción. La vida como tal es una descripción de la historia, y con una visión más objetiva que cualquier otro que se precie, nos mostró que el ser humano es capaz de asumir cualquier tipo de actitud, muy a pesar de lo baja, mezquina o dolorosa que en un principio pudiera parecerle. Luego nos resignaremos y caminaremos de la mano con nuestras consecuencias, e incluso tal vez le llamaremos demonio de nuestras profundidades, pero es un ser que hemos creado nosotros mismos…, bien podemos preguntarles a cualquiera de los hermanos Karamazov.


Kundera tuvo un compromiso tan firme que defendiendo sus ideales resultó que en una época de extremismos, en las que los medios tonos no tenían cabida, su molde no encajaba ni con el nacionalsolcialismo, por supuesto, ni con el comunismo que arropaba progresivamente a Checoslovaquia. Tras ver como sus libros fueron quedamos en su propia tierra, su exilió a Francia le olía a una Checoslovaquia construida por medio de ideales de papel que bien podrían destruirse o cambiarse con un simple fuego.
Marcado por los acontecimientos, su pluma describe historias cotidianas en las que todos sus personajes tienen una vida y un pasado, donde las casualidades se vuelven cotidianas y el existencialismo se describe de la forma más literaria, es decir, desde el sentimiento de sus propias vivencias.
No importa que sus frases formen parte de relatos eróticos o de novelas cortas o largas, la levedad del ser es el único equipaje que sus personajes tienen seguro, y con su peso y la interacción de actores solitarios, como en la realidad somos todos nosotros, se forma una escultura conjunta moldeada por las manos del mismo Rodin.

Cualquiera de las novelas de Kundera no se componen de diversas historias en un determinado periodo de la vida de los personajes entrelazadas por medio de una casualidad. Kundera describe una mirada con el peso aplastante de la realidad, esa mirada que hemos observado o realizado en un determinado momento en el que el sentimiento era exactamente el mismo que el que nos está describiendo. Pues la descripción de Milan, su forma de contar las historias es la forma de poner nombre a los gestos, la descripción de aquellos sentimientos que tenemos en nuestra vida al igual que los miembros de sus novelas, pero que nunca hemos visto descritos con frases precisas sobre papel, la universalidad de los sentimientos bajo la pluma.
Ya sea en una novela corta, como “La identidad”, o una más contundente, como “la Inmortalidad”, esa parte de la vida que Kundera nos describe de los personajes que intervienen en la novela, cuentan con un pasado un presente y un tal vez futuro, sin embargo consigue que los rasgos que definen la vida de estas personas y su carácter sean exactamente las descritas. No necesitamos saber más que lo lo que Milan nos muestra, ni un hecho ni un pensamiento más, ya somos capaces de conocer a los personajes en su totalidad, tal cual conocemos o creemos conocer a las personas en la vida real.

Kundera no ahonda en los niveles descritos en su predecesor, no tiene esa ambición, pues decide que en esos tres niveles hay un vértice común que los une, y es que siempre delante de cada comportamiento, ya sea un desamor, un asesinato o la energía que necesitamos para levantarnos cada día, todas vienen definidas por un carácter y unos acontecimientos que afectaron, en un momento dado, a crear nuestra propia historia. Esos son los que describe Kundera, describe a los personajes por medio de su carácter a partir de la historia de su vida.
Todos somos personajes de Milan, todos tenemos unos problemas que necesitamos para vivir, que nos hacen sufrir y cometer locuras, e incluso alguna vez acertar en nuestras decisiones, todo en su conjunto nos moldea. Tras la expresión de nuestro rostro se encuentra la novela de nuestros días.

Más cercano es Paul Auster. Utiliza el argot de hoy día, los tecnicismos de nuestro tiempo, ya sean relativos a la tecnología, a la política o a los libros, podemos encontrarnos perfectamente con Auster y mantener una conversación en la que nos entenderíamos seguramente mejor que con Milan, en el sentido de una visión más próxima del mundo.
Según la historia y el desarrollo de los distintos países implicados en este pequeño ensayo, la Rusia de Dostoievski tenía bastante que ver con la Checoslovaquia de Kundera en comparación con los Estados Unidos de hoy en día, e incluso de hace dos o tres generaciones cuando el mundo se dividía en comunismo y capitalismo, como los dos polos extremos de ambas vertientes ( la guerra fría entre EEUU y la URSS), con Checoslovaquia como satélite ruso. En cualquier caso no hay que olvidar: primero que Milan Kundera se exilió a Francia y que Paul Auster también pasó cuatro años de su vida en Francia, además de otros viajes que realizó por Europa. Sin embargo la formación y la historia de cada uno les define como propios, por su formación, de sus países de orígenes.

Paul Auster es un maestro en el manejo de las historias de sus personajes. No hay casualidades, el personaje que busca a otro coge el teléfono y marca su número, salvo contadas ocasiones por supuesto, pero no hay azares imposibles ni situaciones acabadas en forma de parche de la casualidad.
Dentro de la vida de los personajes de cada uno de los tres autores que estamos tratando, el tema de la muerte siempre está presente, porque hablar de la muerte es hablar de la vida, sin embargo Paul Auster es el que la trata como una nebulosa siempre preesene en alguno o en varios de sus personajes. En Brooklin follies, cuando cualquiera de los personajes hablan con Nathan, hablan con una persona que tiene su mente en su propia muerte, pues sufre un cáncer de pulmón terminal. Nadie sabe su situación y lo tratan como seguro que tratamos a cualquier persona que no conocemos y que desgraciadamente tiene ese problema mortal.

Paul nos describe un aspecto de la vida que siempre nos negamos a reconocer y es que, salvo las ocasiones en las que la fortuna sonríe a aquellos que forman la excepción, todas las pretensiones y proyectos de la vida, siempre tienen una clara vertiente descendente, es decir, que en todos los casos, la probabilidad de que las cosas empeoren siempre es infinitamente superior que mejoren lo más mínimo. Para muestra cualquiera de las historias de las vidas de sus personajes, Tom, sobrino de Nathan y con un potencial intelectual tan alto que acabó como dependiente de una tienda de libros, como muchos otros desearían, o Harry, de ser un holgado galerista a acabar desterrado previo chantaje contractual para evitar tratar a su familia….

A parte de que todos hablan de la vida desde un punto de visto existencial, la tónica característica en sus plumas es que sus historias no tienen un principio y un final, sino que es la redacción de una parte de la vida de sus personajes, a no ser que acaben fallecidos, evidentemente, y lo que es más importante, no tienen ni mucho menos que acabar bien, ni ser felices ni descubrir la razón de su vida. Hay personajes que definen claramente el carácter existencial de sus obras, pues tras la narración del texto, sus vidas sufren acontecimientos, pero eso no supone un cambio en sus vidas.
No hay héroes ni villanos, tal vez podríamos definir a los antihéroes; mas claros, si se prefiere, en las obras del maestro ruso por las extremas situaciones a las que en muchas ocasiones hace asomarse a sus personajes.

Dostievski sí utiliza el lenguaje para hacer una descripción de la psicología de sus personajes, incluso en ocasiones la define con palabras precisas, sin embargo Milan y Auster definen la psicología de sus personajes por medio de historias intercaladas tras la presentación de los mismos. De esta manera lo que obtenemos de cada personaje es una sensación muy personal de los protagonistas en relación con los acontecimientos que han vivido.
En mayor o menos medida la plantilla de sendos escritores tienen una cuadrícula de escritura muy pareja, y por tanto de sus personajes. Raskolnikov de “Crimen y castigo” en el momento de salir a la calle con las manos manchadas de sangre, cuando cree que todo el mundo conoce su terrible atrozidad, es Harry de Brooklin follies cuando su trama de los cuadros falsos es descubierta y no encuentra salida alguna, hasta que llega el momento de denunciar a su socio y amante y reducir su pena, salida que Raskolnikov encontrará en la personificación de una prostituta que cumple su propia condena abrazada a la religión. Es Jaromil, el joven poeta prodigio, de La vida está en otra parte, cuando queda acurrucado en el balcón en una noche fría de invierno, humillado tras un intento de doblegar a un grupo de intelectuales experimentados. Su fracaso es tanto intelectual como físico, pues intentó forcejear con uno de los contertulios.

¿qué es esto sino la vida misma?