23/8/06

Iván Sergueyevich Turgueniév

La novela rusa del siglo XIX se caracteriza principalmente por su carácter psicológico y más explícitamente por situar a determinados personajes en situaciones límites, o tan violentas y extrañas que nos produce cierto agobio el mero hecho de pensar que por un momento podríamos estar en la piel de dichos personajes.

Iván Sergueyevich Turgueniév formaba cada perfil de sus protagonistas a partir de personas de su entorno, hasta tal punto que al lado de cada nombre de los personajes de la novela incluía la inicial que le remitía a la persona, y a partir de ahí moldeaba el aspecto físico y el psicológico dependiendo de la empatía mutua.

La mayoría de los escritores rusos de esta época utilizaban sus obras para dibujar el cuadro social existente en la época, algunos otros, como es el caso de Turgueniév lo utilizaron también para incluir no un discurso político, sino una confrontación de ideas políticas en el cuadrilátero de la dialéctica, en la que en ocasiones proyectaba su alter ego y entraba en los salones de Baden para discutir acerca de la situación política, o si veía que la causa estaba de por sí perdida, para simplemente callar y observar.

El delito que cometió Iván en vida fue principalmente nacer en una familia noble en una época donde los epicentros revolucionarios emergían como solución a muchos de los problemas presentes, como cúspide el tema agrícola y las siempre difíciles reformas.

Sus ideas liberales chocaron por un lado con los intereses propios de los miembros de su propia condición, y por otro se convirtió a vistas de aquellos liberales no nobles en un burguesito que jugaba a ser revolucionario, pero siempre de forma subversiva e inactiva, lo que le aseguró las críticas y el enemigo común del ambiente en el que intentaba evolucionar.
La crítica se cebo principalmente con su obra “Padres e hijos”, por el motivo previamente expuesto, sin embargo esa novela corta sería más bien el prólogo de cualquier obra suya importante, pues en ella únicamente existe un retrato de la sociedad que observaba, sin ninguna intención ni motivo. “Humo” es no sólo un paso más, es el momento en el que el hombre culto, respetuoso y con férreos principios en sus complicadas ideas para su tiempo, aparta su capa y toma la pluma.
Hasta tal punto fue así que incluso el magnifico y a la vez terrible Dostoievski no dudo en acudir a Baden y en una visita de una hora insultar su obra, su persona y por supuesto sus ideas antirrusas. Iván permaneció como el caballero que era.
De los ocho años que pasó en Baden, Turgueniév recordó principalmente este incidente que trajo otras consecuencias desagradables bajo la forma de intercambio de cartas bastante lóbregas. Ambos escritores se volvieron a encontrar en dos ocasiones, pero fueron incapaces de restablecer la amistad; el intercambio epistolar quedó interrumpido.

Turgeniév era un hombre de mente abierta y crítica que estudió en Alemania y que conocía perfectamente el mundo occidental. Definía a Rusia como parte de Occidente y por lo tanto esta debía proyectarse hacia allí. Lucho contra una sociedad rusa en la que se creía invencible y única, siendo un parcheado de instrumentos e ideologías occidentales, a la vez que sin sentido.
Un ejemplo muy claro podemos tomarlo ya sea de los nihilistas de “Padres e hijos”, que todo lo criticaban y todo lo destruían, con la intención de reconstruir algo nuevo que salvase sus críticas, o también la foto de Baden, en un momento en el que era cuna de la aristocracia y la burguesía, con sus casinos, sus hoteles y sus balnearios, en cuyos salones se reunían jóvenes universitarios que se creían invulnerables y se basaban nada más que en una lucha dialéctica, incluso defendían la no necesidad de estudios, siendo suficiente con ser un diamanta en bruto, como se los llamaban. Un rasgo bastante ridículo de esta alta sociedad rusa era le intercalación de frases en otros idiomas y las conversaciones en un “francés ruso”…, bastante patético.
Todo esto lo criticaba Turgueniév, hacía apología de una Rusia que debería crearse a si misma y tomar aquello que le sería útil tanto de la ideología como de los nuevos inventos de la época de sus vecinos occidentales y sobretodo potenciar el alcance de lo ruso, pero no del pueblo, sino de aquellos que eran capaces, de las altas inteligencias.

Iván tuvo una vida propia de cualquiera de los personajes de sus novelas, siendo inteligente y culto se sintió arrastrado por una relación tormentosa con una artista por medio Europa. Sin contar con medios de comunicación, sus enemigos hacían uso de ellos para criticarle y publicar cartas dirigidas Turgueniév pero sin ningún destinatario en concreto.

Bakunin fue arrestado en un determinado momento por sus ideas excéntricas y teniendo entre sus documentos ciertas anotaciones al respecto de Turgueniév, relacionaron a ambos, e incluso Bakunin creo ciertas injurias contra Iván que acabó por desplazarlo de la vida social del momento.

En ciertos momentos su obra se asemeja a un conglomerado entre el romanticismo de Goethe, en relación a los amores imposibles, la soledad del personaje, el derrumbamiento de los ideales y de la propia realidad en el último instante y de boca de la querida amante que le promete y le exige imposibles, y la novela propia de época, con los distintos personajes que frecuentaban los salones y las calles, desde el aristócrata pobre pero aparente, la dama imposible, fría y calculadora, el intelectual que sabiendo calla y un grupo maravilloso de creadores de humo, que solo hablan y hablan.
Turgeniév conoce en cada momento la impresión que nos producen sus personajes y cómo en mucha ocasiones, tras darnos unos pequeños rasgos al respecto o algún tipo de comentario o acción, incluye un paréntesis y nos cuenta la historia que marca la vida del personaje, acto seguido moldeamos la idea inicial del personaje y nos arrastra tras de su pluma hacia el odio o la admiración para con el personaje en cuestión.
También gusta de llevarnos hasta el precipicio y en muchos casos nos salva o incluso nos empuja junto con el miembro en cuestión que le toque caer: Grigori M. Litvínov reencuentra a su amor Irina, quien le dejó por una vida acomodada, de nuevo le promete la vida y le pide que le perdone, todo está hecho, se va a escapar de la alta sociedad con nuestro héroe, cuando en una nota terrible se muestra como suya pero incapaz de cambiar de vida. Previamente Litvínov había dejado a su prometida, la personalización del amor, la sencillez y la dedicación… terribles vuelcos del corazón.
Humo es el humo de los salones de Baden y de todos aquellos en los que se discuten asuntos banales pretendiendo ser fundamentales, humo es el tren que llega y humo es el tren que abandona el andén.
Humo es el romanticismo del reencuentro apasionado y admirable entre Tatiana y Litvínov, pincelada personal y distorsionada del romanticismo, Humo es la condena de la princesa Irina. Humo es el retrato de una Rusia con miedo a verse a sí misma, Turgueniév expuso su visión y los primeros rasgos de una posible solución.
Iván Sergueyevich Turgueniév como clásico..., eterno.