10/2/09

“Pero el Estado no comprende la esencia de Chèjov, por eso lo tolera” (Vida y destino)

Vasili Grosman es una de las innumerables personas cuyo carácter y visión de la realidad se pueden definir como un puro producto de la Segunda Guerra Mundial.
Ruso. De origen judío. Corresponsal de guerra. Escritor.
Sin duda reúne todos los alicientes para convertirse en un exacto descriptor de lo sucedido en la Segunda Guerra Mundial, resultó ser corresponsal ni más ni menos que en Stalingrado, durante el asedio alemán.
La plasmación de todo lo vivido, sus sentimientos, decepciones, ilusiones, incertidumbres y en conjunto toda una vida, aparecen reflejadas en su libro principal: “Vida y destino”. Ya el título trata de englobar no una o mil historias, sino una intención, la intención de describir la cruel vida de aquellos años y por supuesto la ideología de aquella Europa, y por proyección, la mentalidad de todos y cada uno de sus ciudadanos.
Vasili Grosman parte desde una premisa que no admite discusión: los responsables de la guerra son los alemanes. Desde este punto de vista Grosman coloca radicalmente en frente a la URSS… y resultó que el experimento era aquello que tanto temía.
Basándose en diferentes historias relacionadas con personajes rusos en distintas situaciones, ya sea un campo de concentración nazi, el frente en Stalingrado, la tranquilidad del Estado Mayor y sus decisiones, el día a día cotidiano de las familias, etc, Grosman trata de desentrañar la verdad que existe bajo un manto de ideología cruel y que no entiende de personas y por supuesto mucho menos de críticas.
La corrupción de los altos manos pisando sobre aquellos trabajadores, verdaderos creyentes de aquello que hacen, resulta más cruel si cabe, el comportamiento para con estos, además de incrementarles un sufrimiento absurdo.
Durante esta Guerra, la mentalidad de aquellos rusos no fanáticos se disputa entre dos grandes frentes: por un lado la lucha contra el nacionalsocialismo que acecha y que lo quiere absolutamente todo, que de manera inmutable y mirando a los ojos estima tu muerte y la de aquellos como tú, y por otro lado el comportamiento de su propio gobierno, de su propio Ejército Rojo, capaz de sacrificar a sus hombres sin ningún tipo de misericordia, como ese Dios del Antiguo Testamento que más se le teme que se le ama. Sin embargo es la única manera de rechazar al mal que se extiende en Europa.
Muchos se ciñeron sin preguntarse sobre las pautas de la ideología Estalinista, buscando al enemigo común, para evitar analizar cómo y por qué de aquello que manipulaba la ideología comunista. Hasta tal punto que infiltrados entre los trabajadores, había miembros del partido que provocaban discusiones para encontrar traidores entre aquellos, ¿cómo se puede ser más traidor que no pensando como uno mismo?.
Poco a poco, Grosman nos muestra que no hay tanta diferencia entre unos y otros. Que hay que esperar a que acabe la guerra para ver que ocurre realmente y cual es el sentido de la ideología comunista. Uno de los puntos álgidos de la novela es el momento en el que en un campo de concentración, un antiguo miembro de la SS va en busca de un recluso prisionero, un antiguo miembro bolchevique para guerrear sobre la ideología de unos y otros, y su única estrategia se basa en explicar al prisionero que tanto la ideología alemana como la soviética son las mismas, son espejos unos de otros y por ende Hitler y Stalin. En un momento dado es capaz de ver dicha equidad, en otros momentos la aborrece, pero finalmente no da unas pautas claras, concisas y contundentes con diferencias insalvables.

A lo largo de muchos ejemplos más se plasmará, esta vez sí, el claro antisemitismo estalinista, asunto que ante la incredulidad de muchos supondrá un golpe durísimo para un corresponsal de guerra ruso, nuestro Vasili Grossman, de origen judío.

Evidentemente era imposible la plasmación de todo este tipo de reflexiones y realidades en la Rusia Estalinista, pero al igual que Kundera en su Chequia natal, vería la censura como tarjeta de presentación.
En aquellos tiempos en los que la crueldad y la violencia gratuita inundaban todas las calles, la capacidad de la mente humana para adaptarse a su entorno es grandiosa, ya lo demostró Dostoievski, y una vez más lo observamos en las realidades de los diferentes personajes que completan esta gran obra.
Muchos e innumerables son los intersticios por donde se pierden la fornida contundencia del Ejército Rojo y sus mandos, la verdadera ideología y las verdaderas intenciones estalinistas y de sus secuaces. Vasili Grosman al igual que Albert Camus también en esta misma guerra, comprendieron que la ideología y las buenas voluntades son perfectas cuando se encuentran un metro por encima del hombre, en el momento en el que este las toma y procede a sus interpretaciones, la contaminación del género humano la vuelve partidista y sectaria.


(…) No, ¡no basta! Chèjov introdujo en nuestra conciencia toda la enorme Rusia, todas las clases, estamentos, edades… ¡Pero eso no es todo! Introdujo a esos millones de personas como demócrata, ¿lo entiende? Hablo como nadie antes, ni siquiera Tolstoi, había hablado: todos nosotros, antes que nada, somos hombres, ¿comprende? Hombre, hombres, hombres. Hablo en Rusia como nadie lo había hecho antes. Dijo que lo principal era que los hombres son hombres, sólo después son obispos, rusos, tenderos, tártaros, obreros. ¿Lo comprende? Los hombres no son buenos o malos según si son obreros u obispos, tártaros o ucranianos; los hombres son iguales en tanto que hombres. Cincuenta años antes la gente, obcecada por la estrechez de miras del Partido, consideraba que Chéjov era portavoz de un fin de siècle. Per Chèjov es el portador de la más grande bandera que haya sido enarbolada en Rusia durante toda su historia: la verdadera, buena democracia rusa. Nuestro humanismo ruso siempre ha sido cruel, intolerante, sectario. Desde Avvakum a Lenin nuestra concepción de la humanidad y la libertad ha sido siempre partidista y fanática. Siempre ha sacrificado sin piedad al individuo en aras de una idea abstracta de humanidad. Incluso Tolstoi nos resulta intolerable con su idea de no oponerse al mal mediante la violencia, su punto de partida no es el hombre, sino Dios. Le interesa que triunfe la idea que afirma la bondad, de hecho los “portadores de Dios” siempre se han esforzado, por medio de la violencia, en introducir a Dios en el hombre, y en Rusia para conseguir este objetivo, no retrocederán ante nada ni nadie; torturarán y matarán, si es preciso.
Chèjov dijo: dejemos a un lado a Dios y las así llamadas grandes ideas progresistas; comencemos por el hombre, seamos buenos y atentos para con el hombre sea éste lo que sea: obispo, campesino, magnate industrial, prisionero de Sajalín, camarero de un restaurante; comencemos por amar, respetar y compadecer al hombre; sin eso no funcionará nada. A eso se le llama democracia, la democracia que todavía no ha visto la luz en el pueblo ruso. (…)


Vasili Semiónovich Grosman, (Berdichev, 12 de diciembre de 1905 - Moscú; 14 de septiembre de 1964)

11/1/09

¿Sólo novela oriental?



Ahora que sufrimos un letargo en la dinámica renovación de ideas, la influencia de lo asiático se hace más que patente.

No hables… “Mo Yan”, una paradoja del mundo en el que vivimos, un mundo globalizado, carente de humanidad y donde el cinismo se va aceptando poco a poco hasta hacerlo cotidiano…, otro rasgo psicológico de la novela del este, del mismo Dostoievski.

Guan Moye, nacido en Shandong, en el seno de una familia de granjeros, "Recordar el hambre, el temor, la soledad, es una experiencia importante para mí cuando quiero crear una obra. Estas experiencias han formado mi actitud ante la vida y mi opinión sobre la sociedad", éstas impresiones únicamente se pueden expresar de manera más explícita leyendo cualquiera de sus novelas, exponiendo una realidad que se hace más cruda entendiendo que, aunque para eludir el sistema los exponga como párrafos narrativos, al margen de la censura se entiende que es la realidad misma.
No hables no es un seudónimo, no hables fue una forma de vida que duró durante veinte años.

“Mi padre era agricultor, pero mi familia tenía una posición desahogada, y tenía miedo de que dijera algo inconveniente y trajera la desgracia a los míos. Así que me dijo que no hablara y que aparentara ser mudo".

Dejó la escuela durante la Revolución Cultural para trabajar en una fábrica de petróleo. Se alistó en el Ejército Popular de Liberación, las actuales fuerzas armadas de su país, obtuvo un puesto en la Escuela de Arte y Literatura del Ejército

La novela de Mo Yan, es en sí misma la evolución de un sistema cerrado y centralizado, un paso inevitable hacia “la libertad” de expresión. Desde un punto objetivo, Mo Yan es este paso identificado con un punto de inflexión: por un lado tenemos a un militar de un sistema político como el de China y todo lo que esta representa, por otro tenemos a un hijo de granjero que no habló hasta los veinte años, en el que sus novelas representan la represión y discriminación sobre la mujer, y a la vez una alabanza hacia esta, y finalmente expone la crudeza del campesino chino y su sistema, cuya crítica viene disfrazada en forma de descripción.
Mo Yan escribe sobre la línea de su sistema, de su censura, tal es así que su obra publicada en 1996, Grandes pechos amplias caderas, (un siglo de historia de China a través de los ojos de una mujer) ha sido prohibida en su país.

Uno de los rasgos más fantásticos de su narrativa es la de ser capaz de escribir sobre la crueldad del día a día en la vida tradicional de los campesinos, donde la mujer no podía tocar los piojos que se vendían a los médicos para elaborar medicinas porque si no perderían sus propiedades. Aquí, en medio de esta realidad, sientes los personajes más vivos que nunca, definiendo su carácter y su psicología en gestos y actos, no solo transformando a personajes en personas, además es capaz de describirlos psicológicamente eximiendo una exposición explícita…, pocos son los escritores capaces de crear personajes con esta fuerza, un círculo escaso donde se encuentran Kundera o el mismo Dostoievski.

La novela china no está asentada, no vive relajada y con cánones innatos, sino que tiene que desperezarse de una política que tiene a la censura como sinónimo y unas pautas de obligado cumplimiento. Todo lo contrario que la novela japonesa, una novela que se abre, cada vez más, paso en el mundo occidental, que cuenta con un sistema establecido de forma democrática

Haruki Murakami. A pesar de nacer en Kioto, vivió la mayor parte de su juventud en Kōbe. Su padre era hijo de un monje budista. Su madre era hija de un mercader de Osaka. Ambos enseñaban literatura japonesa.
Estudió literatura y drama griego en la Universidad de Waseda (Soudai), en donde conoció a su esposa Yoko. Su primer trabajo fue en una tienda de discos (tal como uno de sus personajes principales, Toru Watanabe de Norwegian Wood). Antes de terminar sus estudios, Murakami abrió el bar de jazz "Peter Cat (Gato Pedro)" en Tokio, que funcionó entre 1974 y 1982.
Esta es la razón por la que su literatura rezuma bajo los acordes de jazz, diversas historias que bajo tintes realistas, sufren en su último tercio un punto de inflexión que la transporta un punto más allá de la realidad.
Novela pareja del estilo Auster, aunque con un toque de fantasía y psicología un poco más elaborado que Auster y muy por debajo de Mo Yan. Tal vez se deba principalmente a que la literatura china debe escribir esquivando la censura y bajo una mirada opresiva, mientras que la literatura japonesa sabe de su posición en alza hasta el punto de estar “de moda”.

Novelas en apariencia parejas, sin embargo la literatura japonesa disfruta de una juventud acomodada y de noble cuna, mientras que la china vive una juventud en la que aquello que se consigue no es sino con sacrificio y mucha imaginación para describir la cruel realidad.