9/3/10

Asfixia .- Chuck Palahniuk

Esta novela dura el tiempo de una asfixia no fingida. El autor, mediante una novela de lectura rápida, ya sea por la atmósfera de ahogo que apremia a terminarla, por la simpleza de los personajes o lo ficticiamente real de la historia, nos deja caer, en la personalidad del personaje principal Victor Mancini, en una condena en vida, en una cárcel de cuatro paredes de barrotes.
Por el lado derecho las rejas de una adicción al sexo cuya terapia no hace sino incrementar su síndrome de abstinencia, por el izquierdo un trabajo de representación de la vida cotidiana del siglo XVII, cuanto menos humillante, que comparte con Denny, un amigo o compañero con las mismas o más taras que nuestro protagonista, de frente la obligación de tener que dejar su carrera de medicina para intentar mantener en una clínica, muy exigente económicamente, a su madre, que no solo ha perdido la cabeza, sino que le dice tantas verdades que constantemente le recuerda la miserias de su vida y que no deriva sino en el deseo de que deje de existir, y finalmente por detrás lo absurdo de simular asfixias en diversos restaurantes, con la complicidad de Denny, en los cuales da la posibilidad de crear héroes que llegarán incluso a mandarle dinero, como recuerdo de su actuación heroica, con el cual podrá ir pagando la clínica de su madre.


Esto como punto de partida.


La jaula se cierra sobre un suelo en el cual aparece como guía en este oscuro planteamiento, la doctora Paige Marshall, quien resultará ser una enferma mental más de la clínica, a la que permiten ciertas libertades, y ante lo cual, la ficticia doctora no dudará en aprovecharse sexualmente del miserable Mancini.


Con dicho suelo y los barrotes de las cuatro paredes, ¿qué cielo puede existir?, azul ninguno, desde luego: el desarrollo de los acontecimientos resultará que asfixiará a su madre con ingentes cantidades de pudin, ya que para ocultar su pasado le acaba convenciendo de ser el mismo Jesucristo, para posteriormente descubrir que fue raptado y por lo tanto nunca conoció a su verdadera madre..., no es Jesucristo.


Una novela tan absurda como la realidad misma y que en ciertos momentos golpea a la mente recordando que la realidad supera en muchos aspectos a la ficción. Llama la atención la flexibilidad psicológica de los personajes y en especial del condenado Victor Mancini.

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