7/3/10

Húsares y salones o Guerra y Paz

Hace cinco años, cuando después de un agradable y frío paseo por las calles de Pedraza junto con mi señora, decidimos resguardarnos en el hotel donde estábamos alojados, mi cleptomanía compulsiva para con las revistas literarias, me permitió localizar una portada en la que para más inri, aparecía una referencia a la novela rusa. Por aquella época todo lo relativo a la literatura y la historia de Rusia era mi obsesión, desde Dostoievski, Bulgákov, Tugénev, hasta Viktor Pelevin, con lo cual mi capacidad para hacer desaparecer dichas publicaciones se afinó aún más.
Tras disfrutar junto a la chimenea de un agradable y armonioso café, decidimos subir a nuestra habitación a descansar.
Mientras mi señora se lavaba los dientes, yo leía ávidamente el artículo relativo a una futura edición de Guerra y Paz.
Dicho artículo estaba basado en un ambicioso proyecto por parte del editor Mario Muchnik, quien erizándome toda la piel, explicaba que su intención era la de, basándose en algunas ediciones anteriores de Guerra y Paz, editar una nueva versión. Pero cual había sido su sorpresa cuando la traductora con la que trabajaba, Lydia Kúper, había descubierto no pocos errores, pero no en referencia a la gramática o la semántica, sino de concepto ideológico.
Que duda cabe que la novela Guerra y Paz posee un alto contenido político, y siendo la segunda lengua de los rusos en aquella época el francés, y con las guerras napoleónicas de por medio, las traducciones de los franceses, sobre las que se basan la mayor parte de los distintos idiomas, es una trampa que tiene bastante de tergiversado, y más si tenemos en cuenta la lucha intelectual e ideológico sobre las ideas progresistas de los franceses con respecto al resto de Europa.
En cualquier caso se me paró el tiempo, pues ¿qué ocurría con el resto de la literatura rusa que había leído?, ¿con los millares de hojas que había devorado?.
Mi señora, sorprendida ante mi expresión y ante mi capacidad más que enfermiza para recopilar estas revistas fue capaz de desviar mis temores.
Años más tarde, esta edición llegó a mis manos por obra de mi señora en unas maravillosas navidades.
Empezando por el final, una vez acabada la novela de mil ochocientas y pico páginas, la sensación que queda es la de haber vivido en otra época, haber conocido a personajes y haber lamentado la muerte de otros. Es el embrujo de los escritores rusos, la novela psicológica, la formación de personajes, la madurez de estos, la expresión de su personalidad a partir de gestos cotidianos.
Una obra maestra.
Dicha obra, escrita por Tolstói en no muchos años y destacando principalmente el estar escrita en papel, sin perder en ningún momento ni el hilo de la historia, ni las distintas vidas de los personajes, ni la red de acontecimientos que condicionan absolutamente todo. Aprovechando ciertos intersticios entre libros y libros para expresarnos su modo de entender la historia y al hombre.
La obra que devoré en apenas dos meses, supone una traducción directa del ruso, en donde pude conocer de primera mano la pluma de Tostói, su capacidad para definir personajes reales y donde ofrece aclaraciones no solo sobre teoría histórica, sino sobre la relatividad de la historia y sus distintas interpretaciones por intereses unilaterales.
En un nivel inferior, encontramos a los personajes, con sus alegrías y sus miserias, pero siempre reflejo de la realidad, aquellos que realizando heroicidades no son reconocidos, otros que sin hacer absolutamente nada, e incluso basándose en errores incorregibles, son condecorados como aclamados héroes, pero siempre con una psicología que nos permite no imaginar, sino vivir estos personajes.
Guerra y paz, lucha entre húsares y batallones napoleónicos entrelazados con los salones de la época, sus protocolos, el papel del hombre y el asumido y humillante, en muchas ocasiones, de la mujer. Simplemente el complejo retrato de una sociedad de salones, de una guerra absurda con miles de muertos, una política triste y cambiante, y en el fondo de todo una fotografía capaz de captar una época determinante en la historia de Europa.
Una obra maestra.

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