30/7/10

Murakami, again


El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas.
Cierto.
Los primeros compases de este libro simulan ser una novela de tinte fantástico. Parece mentira que después de haber leído todo Murakami, haya caído en semejante trampa. Nada más lejos de la realidad. Todo perfectamente hilvanado, cada detalle explicado, conviertiéndose en una vuelta de seda más de la araña que te atrapa y te obliga a permanecer más atento a la lectura.
Lo que sitúa a Murakami en mi podio de escritores, junto con Kundera y otros dioses capaces de crear vida, es la facilidad con la que percibe situaciones en las que en un momento determinado, y no sabes cuando, decora el momento con una pincelada de fantasía, pero que ha entrado de forma tan sutil y creíble que te hace levantar la cabeza del libro para buscar esa maravilla a tu alrededor.
El fin del mundo y su tautología es un desarrollo en paralelo de una misma mente, por un lado junto con su homónimo físico, el cuerpo, y por otro, junto con su homónimo psíquico, su sombra/corazón. A su alrededor personajes como el viejo coronel y sus sabios consejos, la atenta mirada del guardián, la bibliotecaria sin corazón, las bestias que mueren en invierno, los inventos del profesor, la ropa interior rosita de la gordita adolescente y su descaro ante la vida, y muchos más....
Me da la sensación de que este libro comenzó a escribirse como un divertimento, más allá de contratos de compromiso editorial u otras presiones externas. Se percibe en su estilo relajado y detallista, con un desarrollo preciso y caprichoso.
Me quedan escasas hojas para acabarlo y sin embargo, lo cierro, lo contemplo y se que volveré sobre él, que seré capaz de volver a disfrutarlo incluso más que en esta primera lectura.
Altamente recomendable.