27/11/11

La insoportable levedad del ser, veinte años después


La insoportable levedad del ser fue el primer libro de Milan Kundera que leí. No contaba con más de diecisiete años y caí al abismo por un empujón de otro acólito del checo. Me pareció mágico, y una vez situado históricamente en la Bohemia invadida por los soviéticos, con las consecuentes censuras hasta su exilio, le hicieron idílico.
Es extraño que tras leer todos sus libros, el único que he releído ha sido La inmortalidad, otro de mis favoritos, pero la insoportable tiene ese sabor entrañable y virginal que inconscientemente decidí no repetir.
Ahora y tras un amago, cuanto menos raro, en la elección de los libros por leer, me lancé con La insoportable levedad del ser.
Tiempo record de lectura. Kundera te pasea por la estructura de los detalles. Acontecimiento cotidianos sencillos pero llenos de significado, como la propia vida, es la perfección de los detalles. Esas pausas en las que explica el peso de un gesto, de una palabra, y sobre todo esa simbiosis en los que un detalle significa para los amantes su esencia y su contraria.
Tomás y Teresa, una relación que surge de la casualidad (6) y del momento, sin embargo no es un sine qua non. Tomás y sus amantes, una relación causada por un trauma que le da y le quita la tranquilidad de vivir, le transporta de la levedad al peso insoportable de la responsabilidad. Tomás y Sabina, dos estilos de vida que se complementan en la ausencia del compromiso bajo el manto de la amistad, el sexo y el arte. Franz y Sabina, amantes divergentes. Franz y Marie-Claude, la compasión del matrimonio, el impacto de no entender una reacción.
Todos comparten una base de incapacidad para con su propia libertad, ni la soledad ni hipotecar su libertad, aderezado con un salteado de vidas cruzadas.
No sobra nada, no falta nada. Es un viaje de la mente de un personaje a otro, de una situación embarazosa a otra incomprensible, del olvido al subconsciente, es una maravilla de apenas trescientas hojas, donde Kundera plasma su madurez. Personalmente la catalogo como su obra cumbre, se que es subjetivo y apoyado en ese virginal paso de una lectura madura en el océano de la adolescencia. Será mi escritor favorito para siempre.
Ha sido como tomar un café con el maestro veinte años después.

27/7/11

Dublinesca


Dublinesca es la última novela de Enrique Vila-Matas y la primera que leo de este estupendo escritor.
La apuesta del señor Vila-Matas es tan atrevida como arriesgada. Me considero un lector elitista e intolerante y he caído en un tipo de novela de igual calco.
Joyce y su obra cumbre es tachada una y otra vez de imposible, aburrida e incomprensible. Enrique lo primero que hace es alzarla, que se vea bien el estandarte. Por otro lado dice una amiga escritora que lo que le gusta escribir no son grandes acontecimientos ni enrevesados argumentos, simplemente acciones simples del día a día, y me trajo su recuerdo a la memoria el simple hecho de que Vila-Matas organiza en su novela un viaje a Dublín, la búsqueda de acompañantes, las causas de esta decisión (permítaseme decir que es, como casi todo lo que ocurre en la vida cotidiana, una pura casualidad o causalidad, buscando escapar en un momento dado de una presión del momento).
Personalmente considero escritor a aquel que no solamente es capaz de argumentar una historia mejor o peor, sino aquel que en sus intersticios del argumento analiza y desquicia a sus personajes con pensamientos y recuerdos que bien podríamos tener cualquiera de nosotros, y un poco más en el que en la misma novela otros personajes o incluso estos primeros son capaces, según su situación, de expresar la contraria.
Para la lectura de esta novela se hace casi imprescindible haber leído a Joyce, e incluso, y por esto me molesto, conocer Dublín.
¿Quién soy yo para considerar al señor Vila-Matas escritor a día de hoy cuando lo lleva siendo toda su vida?, cierto, pero es mi debut con él.

21/5/11

Seis sospechosos

La casualidad y nada más que eso, pero con nombre de mujer, me ha llevado a coincidir en este año con dos autores indios. El primero de ellos y muy recomendable es "Tigre blanco" de Aravind Adiga, una carrera despiadada por escapar de las clases más bajas de la sociedad. Siempre tomando como referencia el consumismo occidental, donde la línea entre el bienestar y el regodeo es muy difícil de definir. Una trama inteligente y de supervivencia en la que el protagonista es totalmente consciente del origen de donde proviene y los medios de que dispone para poder ascender sin ser visto.

Posteriormente me pusieron en manos una trama policíaca sobre un asesinato a un despiadado político corrupto, con seis sospechosos con sus contundentes razones y las vidas cruzadas entre estos... ¿qué más se puede pedir?, una prosa de lectura fácil y rápida que busca adentrarnos dentro de la vida y conciencia de los personajes. Siempre y como telón de fondo la corrupción y las dificultades para poder ser considerado como persona, ya que una y otra vez se vulneran los derechos fundamentales y en donde el dinero lo puede todo. El libro se posiciona del lado de los seis sospechosos quienes con una vida de lo más peculiar acaban coincidiendo en una intención.